Formando a la próxima generación de líderes latinos
La historia del ministerio hispano y latino en la Diócesis de Texas es la historia de personas que responden al llamado de Dios y preparan a otras para hacer lo mismo.
Ese compromiso tiene una larga trayectoria. En 1981, el obispo Benitez anunció la creación de una Comisión Hispana Diocesana y nombró a Alberto Rodríguez como su primer presidente. La Comisión se estableció para brindar orientación y apoyo a las congregaciones que servían a la población hispana, que crecía rápidamente. Desde sus primeros años, reconoció que fortalecer el ministerio hispano requería un esfuerzo dedicado al liderazgo, la formación y la inversión en las personas.
Esa visión ha seguido creciendo de generación en generación.
En 2013, con el apoyo del obispo Andy Doyle y bajo el liderazgo del Rvdo. Pedro N. López, vicario de la Iglesia Episcopal St. Peter’s/San Pedro en Pasadena, nació la Conferencia de Liderazgo Laico Hispano, otro paso importante en la formación de líderes latinos en la Diócesis de Texas.
La conferencia surgió de una profunda convicción: nuestros líderes laicos tienen dones, sabiduría, fe y una vocación que deben ser reconocidos, acompañados y cultivados. Con los años, se ha convertido en un espacio de formación, compañerismo, crecimiento espiritual y desarrollo del liderazgo.
Hoy estamos viendo los frutos de esa inversión.
Las ordenaciones de las Rvdas. Luz Montes-Cabrera, Victoria Umaña y María Bautista-Berrios nos recuerdan lo que puede suceder cuando la Iglesia reconoce los dones, ofrece formación y anima a las personas a discernir el llamado de Dios.
Sus trayectorias nos recuerdan que las vocaciones se descubren y se cultivan en comunidad. Alguien reconoce un don. Alguien ofrece una palabra de aliento. Alguien pregunta: «¿Alguna vez has considerado que Dios podría estar llamándote al ministerio ordenado?».
Este año celebramos otro logro importante: la graduación del primer grupo del Certificado de Predicación en Español. Gracias a la visión de la obispa Kai Ryan y al trabajo conjunto del Departamento de Formación de la diócesis y la Escuela IONA, estamos preparando a líderes de fe de habla hispana para predicar, enseñar, servir y guiar a sus congregaciones.
La formación va más allá de la ordenación. Se trata de preparar a todo el pueblo de Dios para el ministerio. Al mismo tiempo, estas oportunidades pueden convertirse en espacios donde se descubran nuevas vocaciones.
Como clérigos y líderes laicos, también tenemos la responsabilidad de invitar a otras personas a discernir su vocación en nuestras congregaciones.
La próxima generación de ministros quizá ya esté sentada en nuestras bancas: enseñando a los niños, dirigiendo la oración, sirviendo en el altar, visitando a los enfermos, organizando iniciativas de servicio o acompañando fielmente a sus comunidades. A veces, solo necesitan que alguien reconozca sus dones y les diga: «Veo en ti dones para el ministerio. ¿Has considerado iniciar un proceso de discernimiento para explorar un posible llamado al ministerio ordenado?».
Al celebrar nuestra historia, también debemos mirar hacia el futuro.
¿Quiénes formarán la próxima generación de ministros latinos? ¿A quiénes estamos invitando a dar el siguiente paso?
Somos parte de una historia que comenzó antes de nosotros, que hoy está en nuestras manos y que, con la gracia de Dios, continuará mucho después de nosotros.
Estamos cosechando lo que otros sembraron. Ahora nos toca sembrar.
Que sigamos reconociendo, animando, acompañando y preparando a la próxima generación de líderes latinos, tanto laicos como ordenados, e invitándolos a responder a su llamado para llevar el Evangelio al mundo.
Rvdo. Pedro N. López
Presidente de la Comisión de Ministerio Hispano