"Habla, Señor, que tu siervo escucha"
Reflexiones acerca de mi discernimiento.
Creo que la vocación es la invitación de Dios a unirse a Él en su obra de sanación, esperanza y reconciliación. No está limitada al ministerio ordenado. Dios utiliza nuestros dones, pasiones, experiencias e incluso nuestras heridas más profundas para servir a los demás y revelar su amor.
Hace varios años atravesé una depresión crónica. Ya estaba casada con mi esposo, quien es sacerdote, y juntos criábamos a nuestros dos hijos. Fue la etapa más oscura de mi vida. En ese entonces, mi fe se basaba más en la tradición que en una relación personal con Jesús.
Una noche, en medio de la desesperación, rendí por completo mi vida a Dios. Oré: "Señor, si Tú me sanas, dedicaré el resto de mi vida a servirte y a compartir mi historia con otras personas."
Dios no me sanó de la noche a la mañana. Mi proceso de sanación se convirtió en un camino de oración, terapia, autoconocimiento y aprendizaje sobre la importancia del autocuidado y el bienestar integral. En ese proceso descubrí que había muchas otras mujeres que cargaban con el mismo dolor que yo había vivido.
Así que invité a algunas amigas a bailar Zumba en la sala de mi casa. Muy pronto el espacio nos quedó pequeño y nos trasladamos al sótano de la iglesia de mi esposo. Lo que comenzó como una clase de Zumba se convirtió en un espacio de sanación, amistad y crecimiento en la fe. Las mujeres se animaban unas a otras, descubrían sus dones y crecían como líderes. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que estaba liderando una comunidad misionera mucho antes de conocer ese término.
Esa experiencia me enseñó que mi vocación es equipar a los laicos para que abracen su propio discipulado y su liderazgo.
Con el paso de los años, muchas personas me dijeron: "Deberías ser sacerdote." Así que asistí al Discovery Weekend esperando que Dios me dijera si debería ir al seminario.
Pero en lugar de eso… escuché algo aún más liberador.
Comprendí que Dios ya me había llamado a servirle fielmente como líder laica.
Como Samuel, que oró: "Habla, Señor, que tu siervo escucha", he aprendido que la vocación comienza escuchando la voz de Dios, no persiguiendo un título. El discernimiento consiste en descubrir dónde Dios ya está obrando y en unirnos a Él.
Por eso, ya sea que sientas un llamado al ministerio ordenado o al liderazgo laico, recuerda esto: Dios ya ha puesto en ti dones, pasiones y experiencias, incluso tu propia historia. En las manos de Dios, nada se desperdicia.
Si estás considerando participar en el Discovery Weekend, mi oración es que descubras que el discernimiento no consiste en escoger un título, sino en escuchar profundamente la voz de Dios, reconocer los dones que Él ya ha puesto en ti y dar con fidelidad el siguiente paso. Que la oración de Samuel también sea la tuya: "Habla, Señor, que tu siervo escucha."